La salud oral ayuda y previene muchos problemas orgánicos y enfermedades. Más allá de la evidente relación entre salud bucal y salud nutricional conviene conocer la relación entre salud general e higiene bucal, por este motivo explicamos de forma sencilla dicha relación.

La higiene dental influye directamente en nuestro sistema cardiovascular. La boca posee microorganismos que pueden ser dañinos y atacar seriamente nuestra salud general. El ambiente húmedo, los recovecos y diferentes tipos de superficies que existen en la cavidad oral, ofrecen el lugar perfecto para que estos microorganismos se desarrollen y proliferen. Puede llegar a haber cien millones de bacterias en la boca, muchas de las cuales son destruidas sin causar mayores daños a nuestro organismo.

Pero otras de las bacterias que conviven en nuestra boca acaban en el torrente sanguíneo debido a una inflamación de la encía. La inflamación de las encías puede ser causada por diversos factores como el consumo de alcohol, una mala alimentación, el tabaco o la más frecuente que es una incorrecta o deficiente higiene oral. Esa mala higiene oral unida a la inflamación y sangrado de encías provoca que las bacterias existentes en nuestra cavidad bucal pasen directamente al torrente sanguíneo, provocando una respuesta inflamatoria en los vasos sanguíneos e impidiendo un correcto flujo sanguíneo. Como respuesta a esa inflamación, nuestro organismo reacciona liberando mediadores inflamatorios que son sustancias que puede dañar la pared de las arterias y provocar la formación de placa que tapona dicha arteria. La consecuencia de dicho proceso puede ser: trombos, coágulos e infarto.

Según artículos publicados por el Consejo de Dentistas (Nº 6 julio de 2020). “Una mala salud oral multiplica por dos el riesgo de ataque cardiaco”. Y “El riesgo de muerte por infarto aumenta con cada diente perdido”.

Por todo ello, recomendamos enérgicamente introducir en nuestros hábitos diarios un cepillado de dientes dos veces al día (como mínimo), en ese acto también cepillar suavemente la lengua, encía y zonas blandas de la boca. Usar pasta fluorada y colutorio oral. Por último, mantener en buen estado nuestro cepillo, limpio, seco y tapado con la funda de su cabezal siempre puesta, es necesario cambiar el cepillo frecuentemente. Estas costumbres son tan importantes para nuestra salud como el deporte, la comida o cualquier otro que consideremos indispensable cada día en nuestra vida.

Como consecuencia de una correcta higiene y salud dental o bucal podemos enumerar otros beneficios, por ejemplo: mejorar nuestra estética, favorecer nuestras relaciones y mejorar significativamente la comunicación desde el primer momento con los demás, aumentando nuestra calidad de vida general a corto plazo.